¿Sigues siendo leal a tu familia?

¿Sigues siendo leal a tu familia?

Somos seres sociales desde nuestros tiempos más remotos.

Piénsalo.

En la época de las cavernas, de la cual todos procedemos, nuestros antepasados vivían en grupos, porque estar solo, por aquel entonces, implicaba la muerte a manos de algún depredador.

Así que esa memoria ancestral sigue presente hoy en día en todos nosotros: la necesidad de pertenecer a un clan, a un grupo, a una familia, en la que sentirnos protegidos. Aunque muchas veces ocurra todo lo contrario.

De niños aprendemos a seguir las normas del grupo en el que crecemos.
Así descubrimos que hay ciertos comportamientos que no son bien recibidos. Nos castigan, nos humillan, nos desprecian, nos miran mal, incluso nos golpean, si no hacemos o decimos ciertas cosas permitidas en nuestra familia.

Y recordemos que cada familia tiene sus propias normas internas, no caigamos en el error de creer que todas tienen las mismas.
Las neuronas espejo son las responsables de que copiemos el comportamiento de aquellos que nos rodean, que nos cuidan: nuestros padres, abuelos, hermanos, tíos, primos, maestros, amigos… y aprendemos que, para seguir perteneciendo a esa familia y no quedarnos solos, debemos cumplir con lo que se espera de nosotros: tener una ideología determinada cuando yo opino lo contrario y por no buscar líos prefiero callarme, seguir con el negocio familiar cuando lo que yo desearía es viajar por todo el mundo, estudiar la carrera que mi madre nunca pudo estudiar o que mi padre quiere que estudie, para así continuar con la saga de médicos de la familia, a pesar de que a mi me gustaría dedicarme a pintar todo el día, buscar una pareja que encaje con lo que le gustaría a mis padres en vez de buscar una que tenga los valores que son importantes para mi, tener hijos porque eso es lo que se espera de mi cuando yo prefiero quedarme soltera…

Y así, sin apenas darnos cuenta, terminamos repitiendo la misma historia que nuestros padres, abuelos o bisabuelos.
Repetimos los mismos nombres e incluso hasta tenemos el mismo número de hijos que tuvo la abuela, en el mismo orden e incluso se parecen como dos gotas de agua.

Por compartir hasta celebramos cumpleaños en las mismas fechas, los aniversarios de boda coinciden y la gente se muere entorno al mismo día o en fechas que coinciden con cumpleaños de otros.

Y pensamos que es una coincidencia, cuando no lo es.

Son mensajes de nuestros ancestros, que están llamándonos para salir de esa fidelidad, de esa repetición, para poder vivir nuestra propia vida libres de lealtades familiares que no nos pertenecen.

Tal día como hoy, un 17 de mayo, para mi está ligado no a la celebración de las letras gallegas, sino a una memoria transgeneracional.
Hubo un tiempo en el que pensaba que era una casualidad que todas mis relaciones de pareja comenzaran un día 17 de mayo. Hace exactamente 22 años, tal día como hoy, empecé mi relación con el que sería el padre de mis hijos. Tras mi divorcio, cuando me di cuenta de que compartía con el hombre con el que comencé una nueva relación la fecha de nuestro aniversario me di cuenta de que estaba repitiendo la historia y decidí indagar.

Así fue como descubrí que en mis anteriores parejas también estaba presente dicha coincidencia: el 17 de mayo me perseguía en lo tocante a mis aniversarios.

Y no sólo eso, sino que fui consciente de que los 5 hombres con los que tuve una relación de pareja, TODOS compartían fecha de cumpleaños, con una variación de 5 días: habían nacido entre el 22 y el 28 de febrero.

Con el tiempo descubrí qué mensaje se escondía en esas repeticiones, que mis abuelas trataban de enviarme, de forma tan sutil.

Y el resultado fue sorprendente.

Ambas fechas coincidían con las de matrimonio de mis dos abuelas, una se había casado un 24 de mayo, otra un 17 de febrero, y recordemos que entre febrero y mayo hay 3 meses de diferencia, por lo que hay relación entre ambas fechas. Por partida doble, además, pues ambos árboles, en mi familia, son espejos.

Espejos porque ambas abuelas contrajeron matrimonio estando encintas, una de 4 meses, otra de 5 meses, allá por los años 20, hace exactamente un siglo.

Cuando ves las coincidencias comprendes que quizás esa sensación que yo siempre he tenido de estar en pareja con hombres que sentía que no eran las personas apropiadas (entendiendo esto como que mi intuición me dictaba que no debía embarcarme en estas aventuras pero aún así lo hacía sin comprender muy bien qué me llevaba a hacerlo), te das cuenta de que tiene que ver con la historia de las abuelas, y que probablemente ellas se vieron obligadas a contraer matrimonio con sendos hombres que quizás no eran quienes ellas hubieran deseado, sólo para tapar el escándalo.

Lo comprendes cuando ves también que ambas nacen y mueren, igualmente, siendo fieles a esas dos fechas que yo repetía en mis relaciones de pareja: un 11 de mayo y un 19 de febrero respectivamente.

Así que, dime, ¿sigues pensando que no eres fiel a tu familia? ¿sigues creyendo que tu árbol no habla? ¿sigues suponiendo que no estás repitiendo LA MISMA historia de tus antepasados?

Te invito a que rompas esas lealtades para poder elegir, LIBREMENTE, sin condicionantes inconscientes, qué es lo que deseas hacer con tu vida.

Aún es pronto, tienes mucho tiempo por delante para seguir viviendo según los mandatos de personas que ni siquiera están ya entre nosotros.

«La fuerza de una familia, como la fuerza de un ejército, está en la lealtad del uno al otro»

Mario Puzzo

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